El gran objetivo de este proyecto arquitectónico era integrar por completo el exterior con el interior. La vivienda se asienta con elegancia sobre las dunas de arena y frente al mar, en una de las zonas más salvajes del litoral sudafricano, para ofrecer un refugio de desconexión y paz absoluta.

Los propietarios de la vivienda son Caroline y Manie Maritz, una pareja de Ciudad del Cabo que buscaba el lugar perfecto para sus escapadas cuando descubrieron este indómito rincón costero. Caroline, exdiseñadora gráfica, dibujó sobre el propio terreno el boceto preliminar: una planta en forma de ‘U’ articulada alrededor de un patio central con piscina. Este inteligente diseño está pensado estratégicamente para resguardarse del fuerte viento de la costa oeste y garantizar el descanso en perfecta calma.

El arquitecto Luke Scott fue el encargado de materializar la visión de la pareja, quienes comparten una gran afinidad por la sencillez de las casas de playa australianas. El proyecto tuvo que sortear las estrictas normativas locales de urbanismo, que exigían fachadas blancas y cubiertas a dos aguas. Además, la durabilidad de los materiales y un mantenimiento mínimo eran requisitos indispensables en la lista de deseos de los Maritz para disfrutar de la casa sin preocupaciones.

Incluso cuando el clima se vuelve adverso, la vivienda no pierde un ápice de su magia gracias a los cerramientos de acero que garantizan un aislamiento total, transformándola en un refugio fascinante. La residencia está orientada al noroeste, por lo que recibe el impacto directo de las tormentas invernales.

El diseño interior destaca por una inteligente distribución pensada para la convivencia. El área de descanso se organiza en tres zonas totalmente diferenciadas: la planta baja acoge dos acogedores dormitorios y un baño; mientras que en el nivel superior, junto al salón principal, se sitúan la suite principal y una habitación infantil con literas. Finalmente, una escalera trasera conduce a dos estancias adicionales. «La distribución es ideal; permite reunirse en las zonas comunes pero mantener la independencia cuando se desea», añade la propietaria.


Para ganar metros y combatir el clima, la vivienda se extiende a través de una terraza perimetral que actúa como escudo frente al viento y a la arena en suspensión. Cuenta con un rincón de lectura de diseño cuadrado frente a la playa; un auténtico refugio soleado concebido para la desconexión y el relax frente al mar.

La vivienda incorpora ingeniosos y eficaces detalles como una ducha exterior con agua caliente, un lujo imprescindible para entrar en calor tras una sesión de surf o un baño en el océano. En el interior, la gran protagonista de las tardes invernales es una chimenea revestida con ladrillos de arenisca local de Table Mountain, el punto de encuentro perfecto para compartir momentos inolvidables al abrigo del fuego mientras el mar salvaje ruge al otro lado del cristal.

Fuentes de las imágenes: Dintelo y aspiremetro


